Para los padres: ¿Qué de cierto existe en esta carta y qué no?
Para los hijos ¿Realmente pensamos así?
• No me des todo lo que te pido.
A veces sólo pido por capricho o para ver hasta dónde puedo llegar.
• No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también. Y no
quiero hacerlo.
• No me des siempre órdenes.
Si a veces en vez de dar órdenes me pidieras las cosas, lo haría más rápido y con
más gusto.
• Cumple tus promesas, buenas o malas.
Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
• No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana.
Si lo haces, puedes ser injusto o hacerme daño.
• No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer.
Decide y mantén esa decisión, porque me desorientas y al final no voy a saber lo
que de verdad es importante.
• Déjame valerme por mí mismo.
Algo podré hacer. Si tú lo haces todo por mí, nunca podré aprender.
• No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que lo haga por ti, aunque sea
para sacarte de un apuro.
Me haces sentirme mal, y perder la fe en lo que me dices.
• Cuando hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice.
A veces, ni yo mismo lo sé, y otras me da mucha vergüenza.
• Cuando estás equivocado en algo, admítelo.
Crecerá la opinión que tengo de ti, y me enseñarás a admitir mis propias
equivocaciones.
• Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos.
El que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
• No me digas que haga una cosa cuando tú no la haces.
Yo aprenderé de lo que tú hagas, aunque no lo digas, porque te admiro mucho.
• Cuando te cuente un problema mío, no me digas que no tienes tiempo para
bobadas o que eso no tiene importancia.
Sé que a veces estás cansado o muy ocupado, pero te necesito.
• Quiéreme y dímelo.
Me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario.
Herminio Otero. Revista Misión Joven. Abril 1998, p. 10.
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